16/6/13

LAS CREATIVAS PLANTAS CRASAS

Estas plantas atraen por igual a inexpertos y entendidos. Azuladas, carnosas rosetas verdes, moradas, palmeras enanas o parecidas a bonsáis, con rizos o collares de cuentas, con crestas y otras muchas extravagancias… las crasas han hecho de su adaptación a la sequía un alarde de belleza en hojas y tallos.

Hace tiempo que la fuente de mi pequeño jardín dejó de tener agua, ahora las plantas crasas se han adueñado de ella, coronada por esta Pachyphytum oviferum. En muchas especies la planta está recubierta de una cera blanquecina que le da un aspecto translúcido suave (no deben tocarse, ya que las huellas son indelebles). Dan preciosas flores rojas con blanco agrupadas en un tallo que pende sobre la planta.

Tersas como la cera o con tacto afelpado, las carnosas hojas de las crasas forman rosetas y espirales o se distribuyen a lo largo de tallos en preciosas y a menudo extrañas composiciones. No pocos se preguntan: ¿son de silicona? ¿Plástico tal vez? o ¿cera? Nada de eso, pura biología, las crasas son un extraordinario desarrollo de la naturaleza, que es capaz de generar belleza a la vez que superar las dificultades de adaptación al entorno. Y, además, con una extraordinaria creatividad de formas y colores, tantos como las innumerables especies de crasas que existen.
Como los cactus, las crasas son plantas suculentas, es decir que han convertido sus órganos, o parte de ellos, en reservas de agua.

Largos y apretados rizos verdes distinguen a la Crassula Hottentot, llamada también "collar de jade".


En las crasas, esa carnosidad de las hojas y tallos no es otra cosa que agua acumulada en sus tejidos. Nativas por lo general de las zonas más áridas o semiáridas del planeta, donde llueve poco (entre 250 y 600 mm al año), la estrategia de supervivencia exigía sacar el máximo partido del agua disponible. Su cerosa piel actúa en consonancia para impedir que no se escape ni una gota del elemental líquido; la textura afelpada que lucen otras les permite aprovechar el rocío, la bruma o la mínima gota de lluvia para hidratarse. El tono blanquecino o azulado que caracteriza a muchas les sirve de pantalla de protección contra el sol. Para captar el máximo de humedad del suelo, las raíces de la mayoría se extienden muy superficialmente.
Además, al contrario de la inmensa mayoría de las plantas, las crasas, como los cactus mantienen los estomas cerrados de día, para no perder agua, los abren por la noche para absorber el dióxido de carbono que, almacenado como ácido carbónico, se convertirá durante las horas de luz y gracias a la fotosíntesis, en los azúcares que la planta necesita para vivir.

El senecio domina la entrada de la casa cubriendo la parte derecha de la escalera. Es una crasa perfecta para tener en semisombra. La variedad es muy diversa, alguna semeja a un collar de cuentas o guisantes, como la S. rowleyanus y la S. citriformis en forma de pequeños limones, ideal para cestas colgantes; otras presentan hojas muy finas y largas, como la S. berbetonicus "Himalaya" o la S. vitalis, y otras ramillas recubiertas de un denso follaje revestido de una felpa blanca.


Como cuidarlas
Las crasas son plantas fáciles de cultivar y exigen pocos cuidados, siempre que se respeten algunas reglas básicas.

¿Qué temperatura les gusta?
La inmensa mayoría de las crasas toleran las altas temperaturas, no así el frío (-1º, zonas 10-11). Los Kalanchoes, echeverias y crápulas, por ejemplo, empiezan a pasarlo mal cuando el termómetro se acerca a los 0º. En cambio muchos sédums y ágaves son muy rústicos y toleras grandes heladas. En las zonas de clima mediterráneo y subtropical se pueden cultivar al aire libre muchos ágaves, aloes, sédums etc.
La humedad ambiental y el exceso de agua en el suelo reduce la resistencia de las crasas al frío. Si se presentan esas condiciones o es zona de heladas habrá que llevarlas al interior en invierno, y si no es posible será necesario cubrirlas con una manta de hibernación o con una arpillera.
Muchas de ellas precisan pasar un poquito de frío en invierno para florecer.

Como pequeños aloes aparece esta variedad denominada Haworthia fasciata.


¿Sol o semisombra?
Que procedan de zonas semidesérticas no significa que todas las crasas vivan bien a pleno sol. Las hawortias y gasterias no llevan bien el sol directo, por ejemplo, siendo esa la situación ideal para los aloes, ágaves, echeverias, kalanchoes, sédums… Los aenios y senecios, por su parte, necesitan una luz tamizada en las horas más calientes del verano.
Si se cultivan en interior, deben situarse en un lugar junto a una ventana donde reciban mucha luz, preferentemente orientada al sur, caso contrario se debilitarán y ahilarán.
Alrededor de abril, una vez hayan pasado las amenazas de heladas tardías, agradecerán que se las saque al exterior, pero habituándolas poco a poco: exponerlas una hora un día, dos al siguiente y asía hasta completar dos semanas. Este mismo procedimiento conviene aplicarlo también a las plantas muy jóvenes y a las recién trasplantadas.

Preciosos tonos azulados nos obsequia esta echeveria







¿Qué sustrato necesitan?
Originarias como son de climas semiáridos, prefieren una tierra pobre y sobre todo porosa, que les asegure un buen drenaje y aireación. Los sustratos específicos para cactus son los más adecuados, ya que contienen altas dosis de magnesio, que previene la podredumbre radicular. Conviene trasplantarlas en primavera, teniendo cuidado en la manipulación, son muy frágiles y sus heridas pueden verse afectadas por hongos.

Los kalanchoes son conocidos como planta con flor (K. blossfeldiana),
sin embargo, la mayoría de las especies destacan por la belleza de su
follaje como la K. tormentosa de la foto, de hojas grises con pecas marrones.


¿Deben abonarse?
Observando las zonas de origen y su lento crecimiento, estas plantas no necesitan nutriciones excepcionales. Solo las que viven en macetas pueden precisar abono, aunque siempre con mesura, y sobre todo para estimular su floración. Conviene utilizar fertilizantes específicos para crasas y cactus aplicándolos de marzo a septiembre, eso sí siempre sobre el sustrato húmedo, respetando la dosis y frecuencia indicados en el envase.

Las hojas de la Haworthia retusa tienen ventanas para que traspase la luz.

Crassula Hottentot. Una vez más la naturaleza nos muestra su simetría de formas


¿Qué enfermedades padecen?
Los males que afectan a las crasas provienen sobre todo del exceso de agua en el sustrato y/o una atmósfera húmeda, mal ventilada o fría (hongos de pudrición), mucha sombra (cochinilla algodonosa y también cerosa), quemaduras producidas por el sol (por ello hay que aclimatarlas antes de exponerlas del todo al exterior), exceso de sequedad y calor (araña roja). Babosa y caracoles encuentran deliciosos sus tallos y hojas carnosas. Si amarillean puede ser síntoma de clorosis a causa de un suelo alcalino.
Dos fotos de la Echeveria pulvinata con su característico vello transparente recubriendo las rosetas.


¿Cómo las multiplico?

En general, cada hoja de crasa es capaz de generar otra plantita nueva. También se pueden separar los hijuelos que van naciendo junto al tallo o las rosetas. Basta con enterrar apenas el retoño, ramita o base de la hoja en un sustrato con arena y turba humedecido.

SOLAS O ACOMPAÑADAS PERO APRETADAS

A las crasas les gusta vivir apretadas. Ya sea en solitario, en pequeños tiestos, incluso en latas de té u otra cosa, agrupadas en preciosas combinaciones en macetas o tinajas de terracota e incluso de madera para aprovechar su variedad de formas, texturas y colores. Les recipientes pueden ser bajos e incluso planos, pues como hemos dicho anteriormente sus raíces no profundizan. Esta característica y su escasa necesidad de agua permiten que las usemos en composiciones de marcos en cuadros o jardines verticales, como el de la foto, sostenidas por una malla metálica. 
Puesto que son plantas de crecimiento lento, el conjunto se mantiene sin cambios durante largo tiempo.



Las crasas se utilizan incluso en cubiertas vegetales; actualmente se comercializan tepes de sédums listos para instalar.
En jardín lucen perfectas en una rocalla, de hecho el calor acumulado por la piedra que desprende durante la noche las beneficia, o en el rincón más seco y soleado, con algunas excepciones.
Se han de evitar los terrenos arcillosos y pesados, o donde se encharque el agua. Y deben ser protegidas de la humedad y el frío, al menos durante el primer invierno.


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