9/8/13

HAY QUE ENTENDER A LAS PLANTAS

Para sacar el máximo partido a nuestra plantas, tendremos que empezar por conocerlas y entenderlas; una planta de interior solo se diferenciará de la planta silvestre o de jardín en que la hemos traído a casa. Su peculiaridad estriba en que es atractiva y adaptable. Una planta casera es aquella que vive en el interior como en su medio.
Pero con frecuencia, nuestro ambiente doméstico no se parece mucho al ambiente natural de la planta. Estas plantas son caseras porque se han aclimatado, dentro de ciertos límites. ¿No es prodigioso que una planta procedente de la sauna perpetua de la selva virgen pueda vivir "en su casa" entre estas cuatro paredes de clima tan distinto, al lado de un cactus oriundo de un seco desierto, en la soleada ventana de una cocina?
Las plantas de interior difieren tanto entre sí como las que viven en la intemperie, pues entre ellas hay herbáceas, arbustos, árboles, trepadoras y enredaderas, bulbos, tubérculos, estolones y rizomas. Las hay perennes, bianuales y anuales. Unas son de hoja vivaz, otras de hoja caduca. A unas las apreciamos por su follaje, a otras por sus flores. Hay incluso plantas de interior que cultivamos por su fruta. Y hay plantas para gusto de todos y para todos nuestros modos de vivir.
Aechmea rhodocyanea, una de las plantas caseras de más fácil tratamiento, basta con tener agua en el tiesto de dentro. Es muy duradera y se la puede propagar mediante retoños como el que asoma abajo a la izquierda
Por razones de conveniencia, las plantas caseras se dividen en dos grupos; de temporada y permanentes. Aunque los términos hablan por si solos, hay que darse cuenta del sentido, aquí un tanto efímero, de la expresión, "permanentes". En pocas palabras, las de temporada, una vez traídas a casa, pueden vivir unas semanas; en cambio la vida de las plantas permanentes se mide por meses e incluso por años. Procuraremos que sean años. Pos suerte hay muchas plantas que son a la vez bonitas y de fácil adaptación.

Dos especies de Bromeliáceas, la más alta es el C. bromelioides tricolor, que en su juventud 
suele presentar un tinte rosa; la otra, C. fosterianus, se distingue por las marcas transversales
 de sus hojas. Son excelentes plantas para las condiciones normales de un interior.

Las plantas de temporada nos son mas familiares que las de tipo permanente. Entre las primeras hay bellezas como las azaleas, el ciclamen, los brezos, las prímulas, las cinerarias, las solanáceas de fruto, los abigarrados cóleos, el perfumado exacum y las bromeliáceas. Todas han sido cultivadas con el mismo fin, que estén en su apogeo cuando lleguen al comprador.
Es natural que uno quiera que estén en flor el más tiempo posible. Pero ocurre con exasperante frecuencia que, desde el momento en que la planta llega a casa, su belleza y su vida mismas, declinan de un modo lento pero incesante. No tiene que ser así necesariamente. Si aprendemos a darnos cuenta de las necesidades de la planta, podremos disfrutar plenamente de ella.
Por suerte, no se tarda mucho en aprender a entender a las plantas.
Las cinco cosas que reciben las plantas en sus primeros días y las hacen prosperar y entrar en la vida con buen pié son, calor, luz, humedad, una temperatura uniforme y la ausencia de corrientes. De esos requisitos básicos para la salud de la planta, normalmente solo solemos darle dos: calor y luz. En nuestra casa, las temperaturas tienden a fluctuar, llegando al máximo por la tarde, para caer bruscamente de noche. Tal vez estemos muy satisfechos porque el aire de casa es agradable y seco pero nuestras plantas necesitan humedad.
Parodia microsperma, proviene de Argentina
Son introducidos sin cesar especies nuevas
algunas de fácil cultivo.
Es muy sorprendente como lo podemos remediar, y también lo es, con que facilidad podemos darles lo que necesitan. Y como veremos, al hacer que la planta se sienta "a gusto" y lograr de paso que viva lo más posible, la hacemos también más decorativa. Encaja mejor en ese entorno amigo y desde luego luce más.
Como es comprensible, las plantas más populares y que vemos con mayor frecuencia, son las más resistentes. Ocurre lo propio con las que llevan ya mucho conviviendo entre nosotros, como las aspidistras, muchas clases de palmeras, los ficus y las hiedras. Si se ve un mismo tipo de planta que se da bien en condiciones muy distintas, se deduce que es una planta fácil y si se es novel en la materia, se hará bien probando con un ejemplar.
Las plantas de interior son como los animales domésticos. Tienen diferentes hábitos y necesidades de acuerdo con su especie. Tendríamos que aprender a conocer una planta como aprendemos a conocer a un animal. Por ejemplo: un tipo de planta puede necesitar riego sólo una vez por semana. pero si tiene que estar en una habitación soleada, bien ventilada pero caliente, podría necesitar riego a diario. Es importante que el jardinero novato sea consciente de estas peculiaridades individuales para no caer en generalizaciones que pueden ser peligrosas.
Afortunadamente hay unas cuantas plantas resistentes y "caseras" que es posible dar instrucciones bastante precisas en lo tocante a ciertos aspectos de su cuidado, por lo menos, esas plantas vivirán. El que prosperen, florezcan y "de gloria verlas", queda ya en las manos de su cuidador.
Una simple cazuela de barro con solo unos cm de fondo
nos servirá de soporte a estos pequeños cactus llamados
 chamaecereus silvetrii, o cactus cacahuete, los tengo en 
la horquilla de las tres ramas del limonero. El sol les hace
 felices florecen de mayo a julio

Entre esos tipos de las fáciles tenemos algunos en la familia de las bromeliáceas. La piña, aunque muy desarrollada, es un miembro típico de la familia y por eso algunas bromeliáceas reciben el nombre de piñas de interior.. Aunque perfectamente posible cultivar en casa una planta de piña común y corriente, e incluso lograr fruto, las formas que se ven habitualmente son las de hojas matizadas.
Posiblemente la más conocida de la familia es la Aechmea fasciata, ánfora o urna griega. El nombre vulgar viene de la forma de la planta: las bases de sus hojas se superponen como un cucurucho, formando un recipiente donde se retiene el agua. Ese "depósito" es una característica de las bromelias. Unas tienen una urna más acusada que otras, pero nunca carecen de ese envase natural en estado salvaje y como epifitas, les permite atrapar agua. En casa, donde se las tiene regularmente en macetas con tierra, pueden conseguir el agua que necesitan mediante el sustrato, siendo posible hacerlas crecer perfectamente sobre madera. Es estupendo saber que lo único que debemos hacer es mantener el hueco lleno de agua.
Un Crypthantus zonatus. Conocido como planta cebra se presta a todo tipo
de esquemas decorativos en tiestos o ramas musgosas

Hay en el mercado diversas especies y variedades de bromelias, lo que permite hacer gradualmente una colección. El género Cryptanthus ofrece plantas más planas y asteriformes que las grandes Aechmeas. La vriesia y la neoregelia hacen un término intermedio.
Todas presentan marcas extrañas y hermosas, algunas de vivos colores, con rojos brillantes y rosa coral. Producen unas extrañas flores, menudas o llamativas, pero siempre de belleza singular. Se ven tan exóticas que cuesta creer que sean reales, pero lo son. Viven años y tras florecer, echan nuevos brotes o hijuelos, que permiten obtener nuevas plantas. Viven en muchos lugares de la casa, como por ejemplo junto a la chimenea o en una soleada ventana. Se prestan algunas para realzar esos arreglos mixtos de plantas, o plantas y flores, que seguramente hemos visto en floristerías.
 sansevieria

Parecida en varios aspectos a las grandes bromelias, por sus hojas largas y puntiagudas, la sansevieria, de la familia de las liliáceas, comparte su resistencia y adaptabilidad. También dura varios años, desarrollándose tanto a lo ancho, no en altura que podrá repartirla en forma de varias plantas más pequeñas o pasarla sucesivamente a macetas cada vez mayores.
La Rhipsalidopsis gaertneri gusta de la buena luz
por eso se vuelve loca haciendo flores en primavera.
De ahí su apodo cacto de Pascua
Esta sansevieria merece su lugar de primera fila entre las plantas fáciles porque se la puede regar como se hace con los cactus: una vez al mes de octubre a marzo y después, cada semana. En el verano agradecerá un poco de abono vegetal soluble.
Las sansevierias tienen hojas gruesas y carnosas. Son semi o subsuculentas y por lo mismo, saben acumular agua. Por eso resisten la falta de riego. Demasiada agua en la tierra hará que las hojas se pudran por la base.
Son plantas que se dan en casi cualquier sitio e incluso toleran bajas temperaturas de vez en cuando. Tienden a "estancarse" cuando no se encuentran en condiciones de su agrado y se verá a menudo que, si se traslada a una de ellas a un lugar más adecuado, produce enseguida varios brotes nuevos. Debido a su perfil grande y puntiagudo, las sansevierias lucen también mucho en los arreglos.
Otro miembro de la misma familia, el Aloe variegata, llamada a veces planta-perdíz por sus típicas manchitas y rayas, es también de buen cultivo. Frecuente en ventanas y balcones, florece también en la sombra. Este Aloe es también una planta suculenta.
El término "suculenta" puede servir de apellido a una planta específica o referirse en general a tipos particulares de plantas. Los cactus son suculentos por naturaleza y también por especificación botánica. Son de fácil cultivo y si has conseguido que alguno te eche flor, lo seguirá haciendo cada año.
A diferencia de la mayoría de cactus que criamos
en casa sin problemas, el Aporocactus flagelliformis 
tiene tallos rastreros, de hasta 60 cm, se los conoce
también como cola de rata.
Algunos tienen flores vistosas, otros menudas e incluso poco agraciadas, pero si les falta el encanto floral, normalmente lo compensan con la forma y textura de la planta. Los cactus carecen de hojas, y su función la cumplen los tallos. De no ser especímenes muy ensanchados, carnosos y verdes no producen un gran efecto decorativo si se tienen en macetitas sin más. En cambio, se prestan de maravilla a todo tipo de grupo de combinaciones, pero no debes mezclarlos con plantas de otro tipo, porque su ración de agua es diferente.
Hay tres grupos distintos de cactus. Los del grupo primero, las pareskias, no suelen interesar al aficionado casero. El segundo incluye la mayoría de las que hay a la venta, ideales para agrupar y llenar cuencos y jardineras. El grupo tercero incluye los céreos, esos cactus que florecen de noche. Entre los más bellos y desde luego, los más decorativos para interior están las especies epifíticas, conocidas como epifilos o de hojas florecientes. Esto último no es muy exacto; las flores no brotan sobre hojas, sino en tallos o troncos aplanados que se parecen de algún modo a hojas. Casi todo el mundo conoce la llamada cacto de Pascua, que tiñe de rojo o amarillo las floristerías con la llegada del buen tiempo, no es más que uno entre tantas preciosidades de este grupo. Pueden ser todos muy decorativos y desarrollar bastante, hasta crear plantas grandes de verdad, materialmente cubiertas por docenas de flores.
Un híbrido epiphyllum, es uno de esos preciosos epifilos cultivables en casa. No tiene verdaderas
 hojas, aunque sus aplanados tallos den esa impresión

A menudo se incluyen bajo la denominación de "cactus", suculentas de familias botánicas muy distintas. Conviene no olvidar, que no todas las suculentas son cactus.
Una familia no cactácea, la de las crasuláceas, incluye un sinfín de deliciosas plantas suculentas que hacen felices a los jardineros de interior. Su gran encanto reside en que lucen mucho aun no estando en flor. A diferencia de la mayoría de los cactus, carecen de espinas. De hojas gruesas, carnosas, de bordes a menudo ondulados y bonitas formas, pueden ostentar unos colores hermosos o cubrirse a veces de flores gris-azuladas parecidas a uvas. Las propias plantas pueden tomar la forma de flor, algo así como una gran rosa de pétalos carnosos. Con frecuencia sin tallo y sus grandes rosetones se tienden sobre la maceta rebasando sus bordes. El Aeonium tabulaeforme constituye un bello ejemplo.
 Chamaedore elegans, una graciosa y pequeña preciosidad
Otras plantas de esta familia despliegan las rosetas sobre tallos gruesos y macizos, pudiendo haber varias rosetas por tallo. Como otras muchas de esta familia, es una planta muy buena para principiantes, que se sentirá bien contemplando el largo tronco ramificado abierto en espléndido ramillete de flores delicadas de color amarillo pálido.
Muchas de esas suculentas dan flores sensacionales, por ejemplo, la echeveria color coral y el oliveranto campanilla, en realidad, otra echeveria. En este grupo se incluyen las elegantes especies de las crásulas y la fragante rochea. Algunas de ellas recuerdan mucho a un kalanchoe y es fácil que las encuentres en los cuencos de plantas combinadas que reunen los floristas.
En tanto se conserven alrededor de los 10º C de temperatura demostrarán ser fáciles de mantener y merecedoras de ello. Si no les sobra espacio en la casa, al igual que los cactus, pueden salir a veranear el exterior.



Con estos tipos que he mencionado, las bromeliáceas, las suculentas de entre las liliáceas, los cactus y las crasuláceas, hemos sentado las bases de una bonita colección donde tendrás contrastes de textura, forma, color y tamaño.
Un grupo de plantas que tienen ya toda una tradición de interior en muchos países son las llamadas palmeras de tiesto. Verdaderamente resistentes, florecen en las más difíciles condiciones, o al menos así parece. Con seguridad son las menos exigentes de entre todas las plantas que cultivamos. Las que hallaremos con más facilidad a la venta, Chamaedore elegans, una graciosa y pequeña preciosidad, a la medida de muchos arreglos, aunque luce sola, especialmente (cosa que reza con todas las palmeras) si sabes darle un poco de silueta. Se vende también como Neanthe elegans o N. bella y Collinia elegans; el Phoenix dactylifera, palmera datilera y también otras especies de phoenix como el P.roebilinii y el P. canariensis, la Butia capitata con su sinónimo Cocos capitata; la Howea belmoreana (sinónimo de Kentia, una de mis favoritas) palmera rizada y la H. fosteriana (Kentia fosteriana), así como la Livinstona chinensis, (la palmera china de abanico).
Este palmito prácticamente se cría solo

Con frecuencia, cuando se compra una palmera, nos parece demasiado grande para su maceta y el primer impulso es trasplantarla para dar más espacio a las raíces, pero esto podría ser toda una equivocación, las palmeras crecen mejor al parecer si se les pone coto a sus raíces. Es posible conservar una palmera hasta dos y tres años en una maceta de solo 8 cm, aunque es difícil manejar esas macetillas tan pequeñas sin volcarlas. Sugiero, como solución de paso, colocar la maceta en otro tiesto mayor y más pesado. Las plantas enmacetadas cuyas raíces llenan por completo el tiesto, necesitan siempre más riego que aquellas a las que les sobra tierra, la tierra tiene más agua. Por esta razón, las palmeras y muchas otras plantas, piden nadar en agua, pero ya hablaremos de esto.
Aspidistra

Las palmeras tuvieron su apogeo el siglo pasado, popularidad compartida por entonces con otras plantas muy vivaces. Una de ellas es la aspidistra, tan escasa actualmente en algunos países como para convertirse en capricho de coleccionistas. En el siglo XIX era la planta de la sala de estar "a prueba de bomba" y adornaba lo mismo rincones oscuros o ahumados de la casa que las zonas más luminosas. En verano se las sacaba al exterior para que las lluvias estivales lavaran sus hojas y en invierno volvía a algún rincón no lejos del brasero. Se trata de una planta difícil de matar, por mal que se la trate echará hojas nuevas, pero si se te ocurre mimarla como una favorita, se dará cuenta de que es realmente "el patito feo" de las plantas. Puesta en un buen suelo, cambiada de maceta de vez en cuando, regada con orden y abonada convenientemente, se convertirá poco a poco en un cisne verde. Crecerá y se pondrá hermosa. Un buen ejemplar de aspidistra es una de las plantas de casa más bonitas. Puede incluso llenar el hueco de una chimenea grande.
Una sufrida Aspidistra aguanta estoica el sol directo de una jardinera vecina,
lleva años así, y ahí sigue, una todo terreno
Existe la forma jaspeada, la A. elatior "variegata". Aunque no tan robusta como la verde lisa, es también muy bella. Si encuentras una, manténla a una temperatura algo más alta que la especie verde y con más luz pero sin que llegue a darle el sol directo.
La popular Drácena
Probablemente una de las plantas más conocidas es la llamada árbol del caucho, la Ficus elastica, favorita ya por nuestras tatarabuelas. En su estado natural, este ficus llega a ser un árbol muy desarrollado, pero como planta de maceta no suele pasar de tener un tallo. Crece despacio, una cualidad de agradecer en algunas plantas de interior, porque una vez colocadas en su sitio, no suele ser conveniente cambiarlas de posición. Un ficus en buen estado debe echar hojas desde la base misma del tallo.
Se trata de una planta de jungla, es decir, capaz de soportar una buena dosis de sombra, bien lo demuestran sus oscuras hojas coriáceas. Las plantas que crecen al fondo de una estancia ostentan mejor follaje que las que se crían en lugar soleado.

Enorme ciso que ocupa una pared del jardín

Cissus rhombifolia y C. Antartica en el centro

Hay otras especies y variedades de ficus que constituyen buenas plantas de interior, aunque su aspecto suele ser diferente al del Ficus elástica. Algunas, como el F. pumila son enredaderas capaces de cogerse a una pared si tienen ocasión y ayudan las condiciones. Otros ficus tienen la hoja de menor tamaño y tienden a ramificar mucho más que el F. elastica . El Ficus benjamina se parece mucho a un impecable naranjo, exceptuando por supuesto, que no da frutos de color. Las plantas adultas de algunas especies de ficus producen pequeñas frutillas verdes que se nos harán familiares por su aspecto debido a que el ficus es del género o familia de la higuera.
El popular ficus de nuestras abuelas
Una higuera de gran talla tiene un aspecto impresionante y bien merece el término de "arquitectónico" que se le suele dar. Ese término se utiliza también para describir a otra planta de la jungla, de hojas oscuras y duras: la Monstera o esqueleto. Mientras las hojas del caucho son sencillas, las de la monstera son irregulares con grandes hendiduras e incluso orificios a su través.
Con solo observar unas cuantas reglas, muy sencillas, esta preciosa planta es fácil de cultivar. Quiere estar a la sombra y que se la deje crecer siempre en el mismo sitio. Precisa también una maceta espaciosa y podrás darte cuenta siempre de cuando hay que trasplantarla, pues las hojas muestran cada vez menos hendiduras y orificios. Es una planta para interiores espaciosos o para algún lugar que tenga una pared a su disposición. En mi caso la tengo fuera y sus largas raíces aéreas buscan con interés por donde alimentarse, sus últimas hojas tienen el tamaño de una sombrilla mediana y goza de buena salud.
Tanto en interior como en una terraza el ficus
Benjamina prospera. Otra planta fuerte


La monstera está ligada botánicamente con el filodendro y, según veremos, hay un sinnúmero de aráceas que se prestan de primera como plantas para la casa, especialmente si, como la monstera, son trepadoras. Entre ellas el aro lirio es probablemente el más fácil de identificar. En este grupo hay varias excelentes plantas caseras, pero todas florecen y algunas, como el Spathiplyllum , dan flores blancas del tipo de los aros. Otras dan "aros verdes". Una especie fácil y atrayente es el Syngonium podophyllum, que sigue dando flor en condiciones que podríamos calificar de lastimosas.
Hoja de monstera
Al igual que muchos filodendros, se le puede obligar a que crezca en el agua o en arena y agua o guijarros y agua. Esa buena medida abre el camino a muchas maneras de disponer la planta, por ejemplo, en una serie de cacharros variados que puedan servir de macetas.


Igual que las bromeliáceas y los epifilos, los filodendros son también epifitas; plantas que crecen sobre árboles. A menudo, un jardinero novel queda perplejo ante las extrañas excrecencias con aspecto de correa que aparecen en tos tallos de estas plantas. Se trata de las raíces aéreas con que la planta recoge la humedad del aire, sus otras raíces le sirven para arraigar en el suelo y trepara al árbol sobre el que crecen. Cuando aparecen en las plantas de interior estas raíces, lo procedente es guiarlas hacia la tierra de la maceta. En ningún caso se deben cortar estas raíces.
De todos los filodendros, el Philodendron scandens, de hojas verdioscuras y forma acorazonada, es posiblemente el más fácil de cuidar. Es también tolerante y se le puede trasladar de lugar más que a la mayoría de las plantas.
Igual de resistente, según mi experiencia, es otra especie, de hojas mucho mayores, el P. erubescens, del que existe una forma con hojas jóvenes, conocida como "Borgoña", Es una trepadora, pero crece muy despacio y lo que podría parecer una mata cuando se compra, puede conservar ese aspecto durante mucho tiempo, antes de estirar poco a poco el tallo y decidirse a trepar.
También resiste el P. bipinnatifidum, planta no trepadora de grandes hojas pinnadas de un verde oscuro lustroso. Estas tres especies y otras más que se hallan en el mercado, pueden cultivarse bien, en una habitación interior, si hace falta.
Cuando se tienen las plantas por razones decorativas, su poder trepador es esencial. Las monsteras y algunos filodendros cumplirán con ese requisito, pero hay también otras pocas plantas, duras y de bello aspecto, que conviene considerar. Entre ellas están dos parientes cercanas de la vid, la Cissus antarctica, de hojas dentadas sencillas y la Rhoicissus rhomboidea, de hojas bellamente divididas. Más adelante volveré sobre ellas.
Como es de esperar, las trepadoras son útiles al decorador y si poseen además un colorido variado, ricas en matices verdes, con blancos, grises y amarillos, son más apreciadas todavía. Las hiedras son un buen ejemplo. hedera helix, de pequeñas hojas verdes, ha sido por mucho tiempo una entrañable compañera, pagando nuestro cariño e interés en forma de una serie de mutaciones que, por razones de conveniencia, consideramos como variedades. Aquí nos encontramos de nuevo con la vieja regla de que cuanto más verde es la hoja, más tolerante, más "fácil" es la planta. Sin embargo puede influir también un tanto la textura de la hoja de la hiedra y variedades tales como la H glaciar, de hojuelas coloreadas en blanco y gris, si tienen el limbo duro en vez de sedoso resistirán las mismas condiciones (oscuridad,lejanía de la luz) que la H. helix. Por otra parte, las variedades de hoja grande y sedosa, como la H. canariensis, de color crema y verde, en sí una especie diferente, necesitan una colocación bien distinta: buena luz pero no los rayos directos del sol.
La Hedera helix en la foto, fue cruzada con éxito en 1912 en los viveros Lizé-Frêres de Nantes (Francia) con la Fatsia Japonica, dando como resultado la Fatshedera, en la foto inferior.



 
Fatshedera lizei

La sencilla Hedera helix de pequeñas hojas verdes, ha sido por mucho tiempo una entrañable compañera, pagando nuestro cariño e interés en forma de una serie de mutaciones que, por razones de conveniencia, consideramos como variedades. Aquí nos encontramos de nuevo con la vieja regla de que cuanto más verde es la hoja, más tolerante, más "fácil" es la planta. Sin embargo puede influir también un tanto la textura de la hoja de la hiedra y variedades tales como la H glaciar, de hojuelas coloreadas en blanco y gris, si tienen el limbo duro en vez de sedoso resistirán las mismas condiciones (oscuridad,lejanía de la luz) que laH. helix. Por otra parte, las variedades de hoja grande y sedosa, como la H. canariensis, de color crema y verde, en sí una especie diferente, necesitan una colocación bien distinta: buena luz pero no los rayos directos del sol.

 La hiedra ha cubierto paredes e incluso rodeado el soporte del globo de alumbrado, cuando la compré era una maceta de 7 cm y menos de 100 gramos de peso

Quien desee hacer muchos arreglos botánicos a lo largo del año, hará bien en procurarse un conjunto de hiedras variadas. Salen baratas y una vez compradas crecen rápidamente. No hay otra planta, excepto acaso la tradescantia menor, que se derrame de un modo más bello por encima del borde de un cuenco u otro recipiente por el estilo.
Si se les proporciona guías, las hiedras trepan y se adhieren al techo o a las paredes. Si crecen en un recipiente alto o se las ayuda a subir por algún medio, dejaran colgar algunas de sus colas, proporcionando un bello adorno.
Como veréis por esta pequeña descripción, las plantas caseras varía considerablemente. Como regla general, cuanto más vivo es el follaje, más difícil resulta la planta. Como ejemplo tenemos los Crotones, tal vez las más vistosas de las plantas caseras; si no se las mantiene dentro de una vitrina u otro recipiente abrigado, del tipo de un garrafón, no durarán mucho tiempo. Algunas drácenas tienen un colorido precioso e incluso caprichoso. Con frecuencia esas plantas crecen bastante bien durante el verano.
Por otro lado hay algunas plantas resistentes, de jardín que constituyen unas compañeras del hogar excelentes. Pueden ser útiles a quienes quieran algunas plantas para una situación medianamente propicia, por ejemplo, el rellano de una escalera. Están entre ellas las hiedras que pueden necesitar algunas semanas para adaptarse si provienen de un invernadero caliente, y también la Araucaria excelsa, la fatsia y la fasthedera, así como algunos evónimos o arbustos como el Bonetero de Japón o similar.
Fatsia japónica o Aralia, muy apropiada para interior
La aralia puede adaptarse bien a todo tipo de recintos y temperaturas bajas


Evónimo, Bonetero de Japón (foto izquierda), otra planta candidata a nuestro rellano o rincón de la casa. Tenemos a nuestra disposición desde variedades pequeñas o enanas hasta árboles de 3 o más m. y con colores distintos de hoja, desde verde oscuro hasta blanco o amarillo o mezcla de ambos. Sus flores son insignificantes y es atractivo por su follaje al que daremos forma a nuestro gusto, ideal para setos o cultivar en maceta. Soporta bien el frío y las condiciones de ambiente salino costero.




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