10/2/16

Albaricoquero


Su denominación real es la de Prunus armeniaca (albaricoque) pertenece a la familia de las rosáceas, de la que son parientes también otros frutos como el melocotón (Prunus Persica) el cerezo (prunus avium) el almendro o las ciruelas.

 
El Prunus abarca en torno a las 200 especies, las cuales se cultivan en su mayoría por sus frutos comestibles, aunque hay otros que son apreciados por su belleza y empleados en jardinería como el cerezo de Virginia o el cerezo negro de Virginia que adornan numerosas calles y jardines.
Volviendo al albaricoquero empezaremos con sus dimensiones, podemos encontrar ejemplares en una horquilla de 3 a 10 m de altura; de forma redondeada, dispone de un tronco recto con corteza agrietada en función de la antiguedad y de color pardo aunque más rojizo en su juventud. Las ramas más nuevas son rojizo/granate y bastante rectas, al contrario que las viejas más retorcidas.
Sus hojas ovales redondeadas de hasta 10 cm de longitud son de un verde oscuro en el haz, y amarillento en el envés. Caen en invierno, por lo que se trata de una árbol de hoja caduca.

 

Las flores sueltas o en pareja son de color blanco-rosado de unos tres cm de diámetro. Los frutos comestibles llamados albaricoques son de color amarillento o anaranjado con tonos rojizos o muy rojizos de unos 6/8 cm de longitud por unos 3/4 de diámetro, aunque existen de mayor tamaño. La pulpa amarillo anaranjada envuelve el hueso en cuyo interior alberga la semilla.
Se floración dependiendo de la zona va de marzo a abril y una vez pasada esta comienzan a brotar las hojas.
El origen de este frutal hay que buscarlo en Asia central, desde allí fue llevado a Armenia y más tarde al sur de Europa por los romanos, quienes parece que le pusieron su nombre científico latín actual.
A la península Ibérica y África fue traído por los árabes quienes lo llamaron Albarquú. Los españoles se encargaron posteriormente de llevarlo a América.
Los frutos pueden comerse crudos, en almíbar o desecándolos, lo que conocemos por orejones. Los zumos son una importante industria derivada de este fruto, en solitario o mezclado con otras frutas. El albaricoque es rico en azúcar y aroma; su semilla es tóxica pues contiene ácido cianhídrico de la cual la industria química extrae aceites y aromas. Algunos albaricoqueros también son empleados como plantas de jardín.
La región murciana en España es la gran productora de este fruto por su adecuado clima al cultivo de este árbol, que necesita calidez en primavera y ausencia de heladas.
 
Por ser un árbol de floración temprana (solamente alcanzado por su pariente el almendro) puede perder la flor con temperaturas por debajo de los 1-2º C. Pero por otra parte, necesita frío intenso para mantener su reposo en el invierno, de hecho pueden aguantar el frío estacional hasta por debajo de los 40/50º bajo cero. El clima seco le favorece durante la floración pues evita numerosas enfermedades, consecuencia directa de la humedad, sobretodo las producidas por hongos. El riego regular en este periodo le favorece en cuanto a la producción de frutos, los incrementa notablemente. Por todo ello es un frutal que se ha adaptado muy bien a países con clima mediterráneo, de fríos inviernos seguidos de primaveras templadas.
California, en la costa oeste de los Estados Unidos es la zona climática que más se adapta a las exigencias de cultivo de estos frutos, aunque también se cultiva en otros estados, pero a cuenta de los continuados tratamientos fúngicidas para evitar las plagas más habituales consecuencia de la humedad relativa.


Podando el albaricoquero
Es necesaria la poda, debido a que los frutos los producen las ramas jóvenes crecidas en la temporada anterior. Para estimular su crecimiento es necesario cortar las ramas viejas o demasiado juntas, así como entrecruzadas. Durante el verano se pueden podar las ramas florecidas eliminando una cuarta parte de ellas hasta el brote, las ramas de crecimiento nuevo que se dirigen hacia abajo, o el interior también se eliminarán.

Otro tipo de poda es la llamada en abanico que se suele hacer en aquellos lugares con clima frío, en los que se han plantado los árboles junto a un muro. Mediante el guiado de dos ramas jóvenes de cada lado y previo corte de la rama guía, estas se van entutorando con cañas dejando el centro despejado. En posteriores temporadas iremos dándoles la forma que más nos convenga. Este tipo de plantación se suele hacer dejando un espacio entre cada árbol de entre 4 y cinco metros.
La polinización es llevada a cabo por las abejas principalmente, por lo que no necesitan del hombre para producir frutos, en climas muy fríos puede ser necesario la utilización de un pincel para ayudar en la polinización; por cierto, para que la calidad de estos frutos sea buena es necesario eliminar el exceso de los mismos.
Un desnudo albaricoquero descansando en el invierno de la huerta de Murcia


Cosechando
 

 
Antes de su plena madurez deberán ser cogidos, se trata de una fruta muy perecedera y al natural duran muy poco, con el resto que no consumamos podemos congelar, secar, o hacer mermeladas.

Suelo y fertilizante
Le gusta el sustrato de naturaleza alcalina, los arenosos o impermeables son contraproducentes pues pudren las raíces. No necesitan un abonado especial, prefieren los suelos pobres a los ricamente fertilizados.

Plagas
Los enemigos habituales del albaricoquero son el Taladro amarillo de la madera que ataca a otros árboles grandes como hayas, sauces, tilos, o castaños, pero fundamentalmente a perales y manzanos. La polilla causante cuyo macho alcanza los 6 cm, es de color blanco con puntos azulados. El daño lo provocan los mini túneles que excavan sus larvas en las ramas inicialmente, para penetrar después en la madera, dañando mucho sobretodo a los ejemplares viejos o los muy jóvenes. Las galerías son aprovechadas por otros insectos oportunistas como escarabajos y taladros rojos.
El Taladro rojo afecta más al ciruelo, pero no hace ascos al albaricoquero, su polilla nocturna mide 8 cm con las alas abiertas y se ven desde mitad de junio hasta últimos días de agosto.
Bajo la corteza son depositadas las huevas, en un número aproximado de 500. Las larvas resultantes son rojas con abdomen ocre y cabeza negra; sus poderosas mandíbulas disponen de unas glándulas excretoras de una sustancia maloliente. El primer año se encuentran bajo la corteza cerca del tronco y el segundo inician su recorrido hacia el interior del árbol.
La infestación se detecta por el polvillo acumulado bajo el árbol. Se eliminan aplicando un producto específico.
Otros visitantes indeseados comedores o chupadores de hojas son las Tijeretas, los pulgones, que se alimentan de savia, y que a su vez atraen hongos sobre sus excrementos como melaza, el Piojo de San José, la Polilla de la manzana etc.
En cuanto a los hongos, la Roya, que en condiciones de humedad se manifiesta en forma de manchas anaranjadas u ocres; la Moniliosis o tizón de la flor, cuyo hongo se dedica a secar las flores a la vez que ennegrece los frutos, que se quedan secos en las ramas sin llegar a caer. El Oídio que ataca las frutas en verano y hojas en primavera, produce una telaraña blanquecina sobre frutos y hojas, que pasado el tiempo pueden devenir en costras. Es una plaga que se transmite por contagio de otros albaricoqueros, que mantienen el hongo en invierno y transmiten las esporas en primavera.
Detectada la plaga, se puede prevenir el contagio con algo tan sencillo como una buena ducha de agua que elimine las esporas. Un fungicida comercializado como Serenade se demuestra eficaz, inhibiendo el crecimiento del hongo que produce el Oídio.
Una precaución a tener en cuenta es la NO utilización de azufre en los albaricoqueros.


Reproducción
La mejor forma de hacernos con ejemplares de este frutal es mediante el injerto en primavera sobre un pie de almendro, ciruelo o melocotonero (el pie o patrón se utiliza para referirse a un árbol bien enraizado de un diámetro mínimo de 1 cm) mediante las técnicas de injerto ya detalladas en este blog en una entrada anterior.

 

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